miércoles, 24 de mayo de 2017

Manuel Peláez del Rosal: "El franciscanismo", en IV Jornadas de Historia Local de Extremadura. Franciscanos. Evangelizadores del Nuevo Mundo. Garrovillas de Alconétar (Cáceres). Sábado 20 de mayo de 2017


Manuel Peláez del Rosal: "El franciscanismo", en 
IV Jornadas de Historia Local de Extremadura. Franciscanos. 
Evangelizadores del Nuevo Mundo. Garrovillas de Alconétar (Cáceres). 
Sábado 20 de mayo de 2017

Imagen 01.- Cartel anunciador 

Imagen 02.- Programa de conferencias


Imagen 03.- A la izquierda el Profesor Peláez del Rosal 
y a su derecha la profesora Díez González.








lunes, 15 de mayo de 2017

Baena, aristocrática y monumental

Baena, aristocrática y monumental






  • Baena, aristocrática y monumental -

El académico y poeta Juan Bernier, con el título Córdoba tierra nuestra, dio a luz en 1978 un bello libro hecho con jirones históricos de la capital y de los pueblos de la provincia. Situó a Baena en las tierras de la Campiña y dedicó a esta localidad varios artículos ponderando su paisaje, su nobleza y su vetusta arqueología. Sin embargo, le pasó desapercibida una casona señorial en la que hemos reparado recientemente, tratando de comprender su identidad, y su compostura, pues corona su fachada un escudo heráldico, en el que se advierten de forma confusa sus cuarteles, y en su cima un aparente sombrero cordobés. El turista o el paisano se pueden preguntar a qué responde esta arrogancia y lo más seguro es que el asunto por lo errático no pueda tener contestación.
Una reciente colaboración congresual sobre un personaje baenense en tránsito entre el Barroco y la Ilustración, fray Manuel María Trujillo y Jurado, que desempeñó los oficios eclesiásticos de obispo de Albarracín y después abad mayor de Alcalá la Real, nos ha dado la pista para deshacer el enigmático ornamento heráldico.

En el año 1802 acude el ilustre purpurado al escribano de la villa de Priego Manuel Hoyo de Molina para contratar con el cantero y picapedrero residente en ella, José de Lamas, la reedificación de su Casa Palacio de Baena, que habría de utilizarla con sus familiares y domésticos en las temporadas y estaciones que más le convinieren. Faltándole para su conclusión una portada deliberó para su mayor decencia fabricarla de piedra, en consonancia con su magnificencia, según el diseño que le había proporcionado don Antonio Monroy, maestro en el arte de la arquitectura. Este cuerpo habría de ser de piedra cipia (caliza) de la más blanca y mejor calidad que se encontrare en el término de la villa de Zuheros o de Luque, y con la que siglos antes se había construido el mausoleo de los Pompeyos de Torreparedones. La escritura precisa el importe de la obra, cuantificada en 16.000 reales de vellón, que habrían de pagarse sin que el artista hiciere ninguna gestión ajena al decoroso porte de Su Ilustrísima.
Baena, aristocrática y monumental -
La esbelta fachada de corte neoclásico quedó concluida a principios del año 1803 y a partir de entonces adornaría la calle a la sazón llamada Llano del Rosario y en la actualidad plaza de Amador de los Ríos. Ha quedado una muestra gráfica datada en 1905 y gracias a esta reliquia postal sabemos cómo fue el edificio primitivo, porque entrada la segunda década del siglo XX, entre 1924 y 1925, se acometió una profunda reforma con influencia del regionalismo sevillano de Aníbal González, tal vez por alguno de sus discípulos o seguidores, que la desnaturalizó muy sensiblemente. María Ángeles Jordano en su libro Escudos de Córdoba y provincia en fachadas y portadas (Universidad de Córdoba, 2012) hace una somera descripción técnica, particularmente en lo que atañe a la historia del escudo atribuyéndoselo al obispo don Juan María Trujillo Ortega, como también hace Oscar Barea López, sin ningún fundamento porque tal personaje no existió. Otros autores van mucho más lejos afirmando que las armas del escudo se corresponden con las del obispo cordobés Sebastián Herrero Espinosa de los Monteros (1822-1903), natural de Jerez de la Frontera, con idéntica carencia de rigor histórico.
La casa perteneció al abad Manuel María Trujillo, como declaró éste en su testamento otorgado en 1810: «Tengo por bienes míos propios unas casas principales... que he labrado y reedificado hasta ponerlas en el decente estado en que se hallan... adornadas de muebles que son de mucho valor y primor». El escudo en cuestión estuvo colocado en el frontón del balcón principal de donde se transfirió a la cornisa superior de la fachada en un frente avolutado en cuyo centro destaca timbrado con el capelo abadengo, signo inequívoco de su titularidad.
Fue este abad un personaje discutido y discutible, franciscano díscolo, enérgico y combativo con los cabildos municipales de Priego y de Alcalá la Real, con algunos dependientes suyos, a los que reprendió severamente sin miedo a las represalias, con varios miembros del santo Oficio de la Inquisición y con jerarquías de hermandades que pugnaban por acogerse al fuero civil más benévolo que el eclesiástico. El ilustre patricio murió en 1814 en la entonces villa de Priego, pero ordenó enterrarse pasado un año en el convento franciscano de su patria chica, lo que se llevó a cabo finalizado el plazo, y hoy su marmórea efigie se muestra arrodillada en la capilla de San Diego de la antigua iglesia conventual baenense, evocando su azarosa vida con sus luces y con sus sombras.
En el palmarés de este baenense ilustre, que sirvió a la Iglesia y a la Corona con desenfado, destaca haber sido el fundador de las Casas de Misericordia para Niños Expósitos de Priego y de Alcalá la Real, tras un largo proceso burocrático que al final hizo posible que ambas localidades remediaran una carencia social y económica tangible, en una época rica en miseria, cuando las luces del liberalismo comenzaban a encender la antorcha de la razón.
* Real Academia de Córdoba

jueves, 4 de mayo de 2017

I Jornadas de Historia en la Mancomunidad de la Subbética, organizadas por la Real Academia de Córdoba. 29 de abril de 2017 (Rute).

I Jornadas de Historia en la Mancomunidad de la Subbética, 
organizadas por la Real Academia de Córdoba. 
29 de abril de 2017 (Rute)



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Imagen 01.
Imagen 02.-



PROGRAMA

10.00.- Inauguración.

10.30.- Sesión Académica. Modera: José Cosano Moyano.
  • Enrique Melchor GIL y Juan Francisco RODRÍGUEZ. La romanización de la Subbética.
  • José Manuel ESCOBAR CAMACHO. La frontera granadina y el proceso de señoralización en las Subbéticas durante la Baja Edad Media.
  • Juan ARANDA DONCEL. La expansión de las órdenes religiosas en la Subbética cordobesa durante la Edad Moderna.
  • Rafael OSUNA LUQUE. Carcabuey durante los años de la II República.


12.00-12.15. Descanso.

12,15-13,30. Sesión Académica. Modera: Francisco de Paula Sánchez Zamorano.
  • Dolores BAENA ALCÁNTARA. Las Subbética: ciento cincuenta años en el Museo Arqueológico de Córdoba.
  • Rafael FROCHOSO SÁNCHEZ. Rute: castillo de la frontera entre Castilla y Granada.
  • Bartolomé GARCÍA JIMÉNEZ. Origen de la parroquia de Santa Catalina Mártir de Rute.
  • Miguel VENTURA GRACIA. Capellanías en la villa de Luque durante el siglo XVI.


13,30-14,30. Visita.

16,30-18.00 Sesión Académica. Modera: Juan Aranda Doncel.
  • José COSANO MOYANO. El útimo servicio del Conde de Superunda a Carlos III.
  • José Luis CASAS SÁNCHEZ. Niceto Alcalá Zamora, diputado en las Cortes constituyentes de la República.
  • Manuel PELÁEZ DEL ROSAL. Los Cándidos: dos toreros con raigambre prieguense.
  • Miguel FORCADA SERRANO. La dependencia de Cataluña como freno al desarrollo de la industria textil en Andalucía: Priego.





Imagen 03.-



Imagen 04.- 

domingo, 9 de abril de 2017

Manuel PELÁEZ DEL ROSAL: El cronista Maraver y Alfaro

Manuel PELÁEZ DEL ROSAL: 

El cronista Maraver y Alfaro,


en Diario Córdoba, 6 de abril de 2017, pág. 6.

El cronista Maraver y Alfaro - “Vate de primera fuerza”, llamó Antonio Alcalde Valladares a don Luis Maraver y Alfaro al prologar su rarísimo libro póstumo “Almacén de Quita Penas”,  destacando la valía literaria y otros muchos méritos del cronista cordobés.

 La Real Academia de Córdoba, en la recién estrenada etapa que lidera José Cosano Moyano, ha abierto una línea editorial con el título “Cordobeses de ayer y de hoy”, de la que ha aparecido ya un primer volumen, al que seguirán otros para dar a conocer antiguos personajes históricos locales con nuevas perspectivas y otros menos estudiados, por no decir ignorados totalmente.

            Con este sano propósito hemos vuelto la vista atrás para perfilar y completar la biografía de una histórica figura cordobesa, la de Maraver, cronista de la capital y de la provincia, escasamente divulgada, tanto en su pueblo natal, Fuente Obejuna, como en la ciudad en la que transcurrió una buena parte de su vida.

En anterior ocasión publicamos un artículo que titulamos “Notas sobre el primer cronista oficial de Córdoba y su polémico nombramiento”. Ahora rematamos este aspecto del polifacético personaje, que fue a la postre convicto republicano y federalista, además de académico, poeta, profesor, inspector de antigüedades, coleccionista numismático, historiador, dibujante, editor y periodista, abundando en su también ganada a pulso distinción honorífica de cronista provincial.

            Transcurría el año 1862. Estaba reciente aún el viaje de la reina Isabel II a la capital. En la sesión de la Diputación provincial de 17 de octubre “se dio lectura de una exposición del cronista municipal D. Luis Maraver con que acompaña un libro en folio manuscrito ilustrado con láminas y buena encuadernación sobre los acontecimientos del viaje de SS.MM. y AA.RR. por esta provincia dedicado a la Corporación… La Diputación –añadía el acta- solo pudo examinarlo ligeramente y agradecida a la atención del Señor Maraver determinó nombrarle Cronista provincial honorario”.

La figura del cronista municipal y provincial don Luis Maraver y Alfaro, “individuo intuitivo y eficaz”, ha sido examinada con relativa profundidad por los arqueólogos abundando en esta faceta que aún siendo importante no es ciertamente ni la única ni la más significativa. Lamentablemente se han reproducido reiterados errores en cuanto a la fecha y lugar de nacimiento que ocurrió el 17 de octubre de 1815 en Fuente Obejuna (no en 1812, ni en 1814). Se lamentan asimismo sus biógrafos de no saber cuáles fueron los primeros pasos de su niñez y juventud, siendo así que aprendió las primeras letras en su villa natal (“…por quitarme de la casa/ en la escuela me pusieron: ¡y qué poco aproveché!/ en cambio salí maestro/ en jugar a la pelota/ y en apedrear los perros/”). Eso sí, destacan sus famosas expediciones y excavaciones realizadas en Fuente Tójar y Almedinilla (1867), y a las discrepancias para hacer lo propio en Munda (1868), lo que le valdría ser nombrado Académico Correspondiente de la Real Academia de la Historia.

En este mismo sentido apenas si se ha reparado en su profesión principal, que fue la de médico de homeopatía y afirman que es poco lo que sabemos sobre su formación sin entrar en más detalles. El propio Maraver dirá que tras su retorno a casa después de haber permanecido varios años en la ciudad de Córdoba y cansado de “estudios sacristanescos” cursó la carrera de Medicina en la Universidad de Sevilla (no en Madrid), profesión que ejercería durante más de 20 años hasta su marcha a la capital del Reino a finales de la década de los sesenta del siglo XIX.

Hay otros testimonios más que se suman a lo anteriormente expuesto y que complementan su especialización. En la escritura otorgada el año 1865 ante el escribano cordobés López de Ilarduy respecto a su profesión declara ser médico y “cirujano”. Existen datos de 1854 y 1860 según los cuales consta su participación en las medidas acordadas para remediar las epidemias de cólera morbo que azotaron en aquellas calendas la capital.

Desde 1870 hasta 1886, en que falleció, Maraver se dedicó en cuerpo y alma, encubierto en el seudónimo de Fray Liberto, a la edición de un periódico satírico, titulado “El Cencerro”, con el que alcanzó la celebridad.

Los restos de don Luis Maraver descansan en el cementerio civil de Madrid. Un sobrio obelisco deja aún ver su nombre por cima de una corona de laurel y una pluma, como únicos emblemas que dieron sentido a su vida y a su obra.

MANUEL PELÁEZ DEL ROSAL


lunes, 13 de febrero de 2017

Manuel PELÁEZ DEL ROSAL: "Un granadino en la Córdoba del siglo de Oro", en Diario Córdoba, Viernes 10 de febrero de 2017, pág. 6.

Manuel PELÁEZ DEL ROSAL: 
"Un granadino en la Córdoba del siglo de Oro", 
en Diario Córdoba, Viernes 10 de febrero de 2017, pág. 6.


Manuel Peláez del RosalManuel Peláez del Rosal - Real Academia de Córdoba
10/02/2017


Se llamó en la centuria en la que le tocó vivir don José de Valdecañas y Herrera, y hubiéramos reparado poco en él --los que le hemos sucedido-- si su nombre no hubiera sido grabado por el célebre pintor don Antonio del Castillo en el lienzo de San Rafael que aquél le encargó en el año 1652, y que en estos días se exhibe en la exposición conmemorativa del centenario del nacimiento del artista en la sala Vimcorsa de la capital.
Un granadino en la Córdoba del siglo de oro - Nació Valdecañas en Granada en 1595, como se acredita en el expediente de aspirante a ocupar un cargo en el Santo Oficio, conservado en el Archivo Histórico Nacional, y fueron sus padres el burgalés don Francisco de Valdecañas y Arellano, oidor de la Real Chancillería granadina, y doña Luisa de Herrera y Pineda, hija del alcaide de la villa de Priego don Alonso de Herrera. Todas estas circunstancias jurídicas y políticas influirán a la postre condicionando la vida de nuestro personaje.
Don José de Valdecañas cursará estudios de grado en la capital cordobesa, en la que ya se acusa su presencia en el año 1606. Muchos años después, en 1648, por obra y gracia de sus méritos --hidalgo notorio y abogado de presos de la Inquisición-- consigue una veinticuatría en el concejo.
Ha sido el historiador y académico Juan Aranda Doncel quien en sus investigaciones ha profundizado en algunos aspectos esenciales de la biografía de nuestro personaje. Sabemos por ellas que vivió en la plazuela de Doña Peregrina del barrio de Santiago (hoy denominada indebidamente plazuela de Las Peregrinas, como hemos comprobado siguiendo sus huellas) y que participó activamente en la gestión de la hermandad de Jesús Nazareno, de la que fue su hermano mayor en dos periodos dilatados: 1626-1639 y 1643-1656. Sus asiduas intervenciones en los correspondientes cabildos de estos años revelan el interés de Valdecañas en el buen gobierno de la cofradía, así como su entusiasmo hacia la imagen titular, hasta el punto de aceptar los hermanos de ella que el corazón del hermano mayor, según sus deseos expresados pocos meses antes de su muerte, quedara depositado en la peana del altar de la iglesia hospital de Jesús Nazareno, claro símbolo de un inusitado fervor barroco.
El capítulo más importante de la vida de Valdecañas sin duda alguna fue la promoción del culto a San Rafael, por su intercesión milagrosa en la desaparición de la epidemia de peste bubónica que asoló a la ciudad en los años 1649-1651, con la celebración de fiestas eclesiásticas y seculares en su honor y loor (toros, justas y certámenes literarios), la erección del triunfo del santo en el Puente Romano, los comienzos de la edificación de su templo y la fundación de su cofradía en 1655, además de sufragar el lienzo de Castillo para el vestíbulo del salón municipal en que se celebraban las sesiones a la sazón.
Toda esta incesante actividad no sería bien comprendida si no abordáramos una faceta hasta el presente inédita. Me refiero a la situación económica del insigne patricio granadino desposado con la dama doña María de Caracuel y Aguilera en la villa de Priego en 1628. Se conservan los protocolos de las capitulaciones y dote que revelan el cuantioso patrimonio con el que la nueva pareja se habría de sustentar: casas, cortijos, esclavos, dineros en moneda de vellón, ropa blanca y de mesa, joyas, coche, caballos, vestidos de damasco, jubón de espolín de oro y plata, cofrecillo de carey y múltiples censos, que con las arras totalizaron 4.863.711 maravedíes. Esta considerable fortuna se vería acrecentada con los bienes del doctor don Martín Caracuel Palomar y Aguilera, beneficiado de la parroquia de Santiago de la ciudad de Granada, tío de la esposa. En el Archivo de la Catedral de Córdoba existe un ejemplar impreso de las alegaciones que formuló el abogado don Baltasar de Villanueva en el pleito que en 1648 se entabló contra Valdecañas, sin que fuera parte su mujer, a cuyo favor se habían vinculado los bienes cuya propiedad se disputaba.

Murió don José de Valdecañas en Córdoba a finales de 1659 y en su testamento, como expresión de una sensibilidad religiosa típica de la Contrarreforma, dejó establecido que lo enterraran en el convento de San Agustín, y que le dijeran mil misas, declarando por herederos universales a sus seis hijos vivos y beneficiando al primogénito, el licenciado don José Antonio de Valdecañas y Herrera, con el tercio de mejora. Resulta al menos curioso que en el testamento que éste otorgó en el año 1680 afirmara que su padre era natural de Córdoba, tal vez persuadido de haber transcurrido casi toda su vida en nuestra ciudad.


Manuel PELÁEZ DEL ROSAL: "El conde de Superunda", en Diario Córdoba, Miércoles 11 de enero del 2017, pág. 6.

Manuel PELÁEZ DEL ROSAL: 
"El conde de Superunda", 
en Diario Córdoba, Miércoles 11 de enero del 2017, pág. 6.


Manuel Peláez del RosalManuel Peláez del Rosal - Real Academia de Córdoba
11/01/2017

El 5 de enero de 1767 --se cumplen ahora 250 años- falleció en la entonces villa de Priego don José Antonio Manso de Velasco, primer conde de Superunda, natural de Torrecilla de Cameros (en la Rioja) siendo sepultado al día siguiente en la iglesia conventual de san Pedro, de frailes franciscanos descalzos. Este hecho luctuoso lo recuerda una losa empotrada en el crucero del templo, a mano izquierda de la reja de entrada a la capilla de la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, con una enigmática leyenda, mezcla de alegoría y metáfora, que comienza: «Aquí existen las cenizas...».
El conde de Superunda -
A desvelar algunas de las incógnitas de la biografía del conde de Superunda y a desvirtuar no pocas inexactitudes sobre la egregia figura he dedicado varios artículos y conferencias.
¿Quién fue el conde de Superunda? La lauda de su sepulcro relaciona sus cargos: caballero de la Orden de Santiago, teniente general de los Reales Ejércitos, Gentil Hombre de Cámara de Su Majestad y virrey y capitán general de los reinos y provincias del Perú. También revela el título nobiliario de Conde de Superunda («sobre la ola»), que le había otorgado el rey Fernando VI en 1744 por haber sido el artífice de la reconstrucción de Lima y El Callao, ciudades sacudidas por un terrible seísmo y maremoto.
En 1761, tras haber puesto fin a su carrera política y gubernativa le fue autorizado el regreso a la metrópoli, con tan mala fortuna que recaló en La Habana, a la sazón asediada por la armada inglesa que se apoderó de la isla. La Corona trató de depurar las responsabilidades de los defensores de la Perla de las Antillas. El tribunal militar que juzgó al Conde lo condenó a muerte, pena que le fue conmutada por la de destierro a 40 leguas de la Corte. Después de un proceso infame, pleno de irregularidades, se dictó sentencia «para satisfacer a la Nación, al Honor de las Armas y a la recta Administración de la Justicia de que pende la seguridad de la Monarquía», que fue ratificada por Carlos III en El Pardo el día 4 de marzo de 1765. El camino del destierro se iniciaría pocos días después.
He localizado en el archivo Histórico de Protocolos de Madrid varias documentos, hasta ahora inéditos, que dan cuenta de la estancia en la Villa y Corte del Conde desde la llegada del barco al que arribó en Cádiz hasta el 12 de marzo de 1765 en que inició su periplo junto a su séquito (con sus secretarios Martín Sáenz de Tejada y Juan de Albarellos, y familia, el esclavo negro Manuel de casta Angola, que alcanzaría la libertad después, y seguramente otros criados). Reviste igualmente interés la relación de sus colaboradores «amigos», allegados y personas que le frecuentaron en el lugar de su destierro, además de destacados vecinos de la élite local, entre los que se incluyen Blas Manuel y Juan de Codes, adinerados comerciantes de tejidos con fábrica y tiendas en la localidad.
Atrás quedaban los negocios del Conde, las numerosas solicitudes reivindicando su honor, su correspondencia oficial y particular desde Priego y para Priego, su cuantioso capital (varios millones de reales de vellón) depositado en el Banco de los Cinco Gremios Mayores de la Corte, y las acusaciones y reclamaciones del pago de indemnizaciones a los perjudicados por la pérdida de La Habana.
Ocho años en Chile y 16 en Perú aureolaron su gobierno, pero bastaron cuatro en Madrid y dos en Priego para que lo hundieran en la más triste melancolía, que agravó su epilepsia, enfermedad de la que falleció. Nada pudo hacer su íntimo amigo el marqués de la Ensenada, también caído en desgracia, por rehabilitar su fama, al que Superunda tanto debía y tanto agasajó, con el envío de ricos presentes y regalos desde Indias,
Carlos III, monarca caprichoso, venatorio, testarudo y «beato», al decir de Palacios Atard, por el que Manso de Velasco sentía una absoluta veneración por su acendrada conciencia regalista, lo trató con despecho, excitado por el conde de Aranda, negándole el perdón,
Al cumplirse el 250 aniversario de la muerte de este gran patriota, tanto su cuna como su lugar de reposo, deben recordar al ilustre riojano, valiente militar y gobernante eficaz, fundador de ciudades con girones de alma andina y limeña, que tuvo un triste y fatal destino, rindiendo justicia a sus cenizas que ni reposan, ni yacen, ni descansan, porque solo porfían su existencia.




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